Devoción, Fe y Tambor: Historia del San Benito de Palermo del Sector Santa Eduviges
La devoción a San Benito de Palermo en el municipio Carache constituye una de las expresiones folclóricas y religiosas más profundas de la identidad trujillana. Entre las diversas imágenes veneradas en esta tierra, destaca de forma especial la custodia en el Sector Santa Eduviges, cuya trayectoria sintetiza más de medio siglo de fe itinerante, tradición oral y resistencia cultural.
Orígenes y Travesía: Desde las Tierras de Burbusay
La historia documentada de este San Benito se remonta a la población de Burbusay. La imagen era custodiada originalmente por el matrimonio conformado por el Sr. Narciso Ramón Vásquez Justo y Doña María Guillermina Domínguez, cariñosamente conocida en la comunidad como "Mina".
Aunque la memoria oral calcula una trayectoria cercana a los 54 años de veneración ininterrumpida en la zona, la antigüedad real de la talla pudiera ser considerablemente mayor. El propio Sr. Narciso relataba haber servido como vasallo desde su temprana juventud en Burbusay, lo que sugiere que la devoción a este “Santo Negro” se hunde en las raíces de generaciones precedentes.
La Fe Itinerante: Las Romerías a Pie
En sus inicios, la promesa a San Benito no se limitaba al recinto doméstico. Don Narciso y Doña Mina emprendían extensas romerías a pie portando la imagen del Santo y acompañándose del golpe de un solo tambor.
Estas caminatas sagradas unían a diversos caseríos y pueblos del estado Trujillo:
- Carache
- La Concepción
- Burbusay
- Santa Ana
- Bolivia
- Cuicas
Los devotos recorrían caminos reales y senderos, pernoctando donde la noche los alcanzara. Las familias de los campos trujillanos abrían sus puertas para brindarles comida y posada, permitiendo que al despuntar el alba la comitiva continuara su marcha, sembrando la devoción por cada rincón del territorio.
De la Restitución del Sonido a las Promesas Concedidas
Con el paso de los años y las inclemencias del resguardo, los dos primeros juegos de tambores ancestrales sufrieron un inevitable deterioro en su madera y cueros. Tras el fallecimiento de Don Narciso, la responsabilidad del culto fue asumida por su hijo Elías Domínguez, quien junto a sus hijos, hijas y sobrinos, mantuvo encendida la llama de la tradición.
Gracias al esfuerzo familiar, se lograron restaurar algunas de las piezas antiguas para reanudar los tradicionales velorios. Esta constancia permitió que la comunidad y los devotos mantuvieran un espacio abierto para pagar sus promesas.
Entre los múltiples testimonios de fe que conserva la memoria local, destaca el de la joven Yoselyn Márquez. Al graduarse, prometió a San Benito que, de obtener un empleo, le obsequiaría un juego de tambores completo y le organizaría un velorio anual durante una década. Al cumplirse el favor concedido, llegaron a Santa Eduviges nuevos instrumentos traídos desde el estado Lara, reavivando el retumbo de la chimbangle en el sector.
Hoy en día, el nicho de San Benito se erige como un testimonio vivo de gratitud popular: en él se aprecian numerosas reliquias, milagros y ofrendas depositadas por creyentes que acuden diariamente a encender una vela y encomendarse al Santo Negro. Asimismo, la agrupación acompaña activamente las festividades patronales en honor a San Juan Bautista durante su recorrido por el sector.
Cuadro de Honor: Vasallos Eventuales
La continuidad de esta tradición descansa en el compromiso de mujeres y hombres que entregan su esfuerzo para mantener vivo el toque y la danza.
Integrantes y Vasallos
- Daisy Domínguez
- Carmen Domínguez
- Diosnel Domínguez
- Franchesca Peña
- María Barreto
- Alexander Peña
- Jesús Peña
- Pedro Graterol
Vasallos y Chimbangleros
- Melquiades Villegas
- José Valenzuela
- Orlando Valera
- José Benítez
- Enrique Marín
- Miguel López
- José Leal
- Luis Valenzuela
- Yoandri Linares
Un Llamado al Futuro: Generación de Relevo y Rescate Cultural
El objetivo fundamental de los Vasallos de Santa Eduviges es convocar a la juventud de Carache para que se sume con respeto y devoción a la tradición de San Benito de Palermo. Transmitir los saberes ancestrales, el toque del tambor y el baile del vasallo garantiza que el legado cultural no se extinga, fortaleciendo los valores en nuestra comunidad.
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